Por Orlando Scoppetta DG.
Comencé este hilo como una publicación en Facebook. Lo traslado a mi blog para que tenga un alcance y permanencia diferente.
No soy pintor ni historiador del arte. Soy un aficionado que
mira la pintura con curiosidad, respeto y asombro.
Me interesa entender por qué los seres humanos hemos
sentido, desde tiempos remotos, la necesidad de dejar imágenes sobre muros,
tablas, lienzos, techos, papel y pantallas, qué representa esto de lo que somos
los humanos y por qué la pintura es valiosa.
Esta es una historia de la pintura distinta: no abordaré el asunto desde una perspectiva temporal lineal, sino que lo haré a partir de dos asuntos que evolucionaron de la mano: el reto de plasmar el mundo en una superficie de dos dimensiones y el pintor en sí mismo. Con respecto a lo segundo, tampoco intento hacer una aproximación biográfica de figuras destacadas. Lo que quiero es presentar al pintor situado en su época, ya sea como expresión del momento o como protagonista del cambio.
Para comenzar quiero destacar que la pintura surgió antes de la escritura, antes de que
hubiera ciudades, antes de la agricultura como se muestra en este par de casos:
La cueva de Altamira, bisontes, Paleolítico superior. Se
sitúa aproximadamente entre 35.000 y 11.000 años antes del presente. Sirve como
punto de partida porque muestra que la pintura aparece antes de la escritura y
antes de las ciudades. La imagen no nace como lujo, sino como una forma
temprana de relación simbólica con el mundo.
| Cueva de Altamira: bisontes |
En la otra imagen la cueva de Lascaux, sala de los toros, Paleolítico superior. Sus pinturas suelen fecharse alrededor de 17.000 años antes del presente. Muestra la fuerza expresiva de las primeras imágenes humanas: animales en movimiento, dominio de la línea, uso de la superficie rocosa y una clara intención visual.
| Cueva de Lascaux: sala de toros |
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